Por: Ana Platzer
Colaboradora: Claudia Patrícia Rodríguez

El parto nos lleva a ser conscientes de la fragilidad de habitar este cuerpo humano y a soltar muchas poses y vergüenzas falsas, como si la vida pudiera ser una pose para redes sociales, “somos tan nosotras cuando cagamos como cuando nos hacemos un selfie”.

A todas las mujeres que vamos a ser madres por primera vez, nos llena de emoción pensar en el momento del parto, pero el esperado momento, también se convierte en un tema que nos llena de muchos temores e incertidumbre, nos preguntamos como serán las cosas, si será todo fácil o será muy difícil, y como también deseamos ansiosamente conocer a nuestro hijo, llenamos de preguntas a la partera, al doctor o a la enfermera, pero también escuchamos las opiniones de fulanita y la experiencia terrible de menganita, sin embargo, cuando nos cuentan un sinfín de historias, casi nunca nos dicen ciertos detallitos que suelen ocurrir en ese momento, cosas que son las más naturales del mundo pero que quizá por una extraña vergüenza, nadie menciona, asi que yo te contaré lo que a mi me ocurrió…

Yo decidí dar a luz en una clínica, aunque había escuchado sobre el parto en casa, nunca me sentí capaz, ni me anime a informarme mucho sobre el tema. Estaba tranquila con mi decisión. Cuando llego el momento y fui al hospital, lo primero que hicieron las enfermeras cuando llegué, fue sorprenderme sonrientes con una maquina de afeitar en las manos ¿estás lista? Quítate la ropa interior y ponte la bata ¿QUEEEEË? Eso me tomó por sorpresa, aunque yo solía hacerlo, estando embarazada de nueve meses me resultaba más difícil, así que bueno, me había acostumbrado a convivir con la selva amazónica en pleno, pero si lo hubiera sabido, podría haberselo pedido a mi pareja o hacer un esfuerzo antes de aceptar que otros lo hagan, pero lo acepté, ni modo, no pasó nada, eso era minimo comparado con lo que estaba por venir…

Lo que ocurrió cuando estaba en la habitación de la clínica, con dolores de parto, fué que las enfermeras pensaban que yo no daría a luz tan pronto, pues era primeriza, decían que en el primer parto podía tardar mas de ocho horas hasta dilatar completamente, sin embargo, unas tres horas después de haber llegado, de repente, mis contracciones se hicieron muy fuertes y mi instinto me llevó a pujar, no podía evitarlo, entonces las enfermeras me vieron y se enloquecieron, corrían por todas partes limpiando, pues me hice el dos, ¡literalmente me cagué encima! en ese momento sentí bastante vergüenza, pues no tenía idea de que eso ocurriría, no sabía que era lo más común y normal de la vida, La cosa fue que una media hora después de todo el aspaviento, mi bebé nació, con solo dos pujos ya estuvo fuera. 

Ahora que veo hacia atrás, me doy cuenta de que es lo mas normal del mundo, parte de la experiencia de ser madre para la gran mayoría, imagínate pujar con todas tus fuerzas tratando de expulsar a tu bebé, obviamente hay cosas que salen mucho más fácil con el pujo, ¡Y lo hacen, claro está! Así que yo te recomendaría ir al baño un momento cuando empiecen las ganas de pujar.

Pero eso no fue todo lo que no sabia, luego, antes del último pujo, lista para tener a mi bebé, la doctora me puso anestesia local y me cortó el periné, es decir, me hizo una episiotomía, yo no tenía un plan de parto, no sabia que podía hacerlo, presentarlo, y conversar con mi doctor lo que más me convenía, definitivamente no me informé bien y acepte que ellos hagan lo que creyeran conveniente, en ese momento no estaba informada que era mejor razgarme a que ellos mismos me corten, no sentí dolor, lo que me dolió fue la aguja en esa área en el momento del parto, después de nacer mi bebé, la doctora cosió, dejando varios puntos de sutura, de momento todo bien, pero al pasar el efecto de la anestesia local… eso fue otro cuento, me dolía ir al baño, ¡en realidad ni quería ir de miedo! El roce, las toallas higiénicas, sentarme, pararme, echarme… y sólo el hecho de pensar en ir al baño, me daba terror, no sentía capaz de hacer el intento de pujar. Definitivamente me hubiera gustado informarme más.

Sinceramente, al regresar a esos momentos, cuando recapitulo mi experiencia, recuerdo más que nada la FELICIDAD y emoción de conocer a mi bebé, pero  también que fueron momentos donde esas emociones se mezclaron con dolor, sangre, orina, caca, kilos de más, hormonas y mucho cansancio, y creo que es bueno hablar de esto, pues cuando te sorprende y no sabes que puede pasarte, puede ser deprimente verte en esa situación, no hay nada como estar informado, el conocimiento te da poder, y yo sentí que lo perdí desde que entré al hospital.  

Para continuar con esta serie de sucesos inesperados, algo también que me sorprendio y me pareció un poco doloroso en ese tiempo después del parto, y que lo recuerdo mucho, fueron los entuertos, nadie me habia contado que el útero hacia ese tremendo ejercicio para eliminar los residuos y recuperar su tamaño. La primera vez me asusté mucho porque no sabía que me estaba pasando, sentía algo así como una pelota de tenis dando vueltas por mi estomago, se paseaba como le daba la gana, y se paseaba dolorosamente, nadie me aviso que sucedía esto y estaba tan sensible, que cualquier cosita me parecía grave.

Que importante es estar informada, pero ahora ya conozco más mi cuerpo y hablar de esto es como un desahogo, que creo que puede servir a otras mujeres que como yo, no toman la responsabilidad de informarse acerca de todos los procesos que vivirá su cuerpo en esta etapa y quieren dejar todo en manos de los médicos.

Otra cosa sorprendente e inesperada fue la primera vez que me separé de mi bebé, resulta que salí cerca de casa a comprar huevos para el almuerzo, no tardaría más de media hora, mi bebé estaba dormido y mi hermana se quedó a cuidarlo, todo parecía normal  y yo me sentía muy feliz de poder salir sola un momento, estaba pagando las compras en la caja del supermercado con una sonrisa de libertad, mirando al que me atendía, cuando de pronto, sentí como rayos de energía dentro de mis pechos, y de inmediato, mi leche empezó a salir sola y mojó toda mi blusa, no sabía que decir, caían grandes e indisimulables gotas de mi camisa, no me quedó mas que mirar a todos lados con la camisa chorreando leche y taparme con las bolsas. En ese mismo momento llegaban mensajes de mi hermana por WhatsApp, diciéndome que mi hijo ya estaba despierto y que regrese rápido,  con eso supe que el bebé estaba reclamándome y que tenía hambre, así que salí corriendo a casa, después de eso, nunca más salí sin protectores, tenía tanta leche, que cuando salía, SALÍA.

Como verás, todas estas cosas tan naturales y normales, inherentes a ser madres, nos recuerdan lo que somos: MAMIFEROS, nos retorna a la conciencia de esa condición natural e instintiva, nos lleva a ser conscientes de la fragilidad de habitar este cuerpo humano y a soltar muchas poses y vergüenzas falsas, como si la vida pudiera ser una pose para redes sociales, “somos tan nosotras cuando cagamos como cuando nos hacemos un selfie”.

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